Sabemos que el uso excesivo del celular afecta la atención, la cognición y el vínculo con el entorno. Pero hay una dimensión más profunda que merece entrar en la conversación: “Cómo la lógica de la pantalla puede ir mapeando, sin que lo advertimos del todo una manera de mirar, de percibir y de pensar estrecha”
Por Lorena De La Calle
El debate sobre el celular en la escuela abre una pregunta más profunda. Mientras la discusión educativa de este inicio de ciclo lectivo 2026 se concentra en la restricción de los teléfonos celulares en las aulas, vale preguntarnos algo más de fondo: ¿alcanza con apagar los dispositivos si no encendemos, al mismo tiempo, el mundo interno de nuestros estudiantes?
Sabemos bastante sobre los efectos del uso excesivo del celular. Sabemos que afecta la atención, fragmenta la concentración y debilita, muchas veces, el vínculo con el entorno. Pero hay algo más que vengo observando y que quisiera sumar a este debate: “La pantalla no solo ocupa tiempo, también puede ir entrenando una forma de mirar”.
Cada vez miramos más hacia un punto y menos hacia la escena completa. Miramos, pero cada vez más hacia un único punto. Miramos hacia adelante, pero menos hacia los costados. Registramos menos lo que ocurre alrededor. No vemos la escena completa. No percibimos del todo el contexto. A veces, ni siquiera vemos plenamente a quien tenemos enfrente.
“Cuando la mirada se estrecha, el otro queda fuera de cuadro.”
La lógica de la pantalla puede empezar a trasladarse fuera de ella: Avanzamos como si el mundo se hubiera reducido a una microimagen frente a nuestros ojos. Como si todo tuviera que presentarse en pequeño, en foco, recortado, para poder ser visto. Y esa lógica, sostenida durante horas, todos los días, no parece quedarse solo en la pantalla del celular.
El uso excesivo del celular modela la percepción y programa el pensamiento
Porque el celular no solo encapsula la mirada. No solo distrae. No solo interrumpe. No solo absorbe. También puede ir programando, en automático y sin advertirlo del todo, una manera diferente de ver, de percibir, de pensar y de tomar decisiones.
“La mirada excesiva sobre la microimagen del celular no solo estrecha el campo visual: también puede modelar una percepción del mundo y programar un tipo de pensamiento”.
El cerebro se moldea según los usos que sostenemos en el tiempo. Las neurociencias vienen mostrando desde hace años algo central: el cerebro es plástico. Se moldea, en parte, según los usos que sostenemos en el tiempo. Lo que repetimos se fortalece. Lo que dejamos de ejercitar, se debilita. Si pasamos muchas horas concentrando la atención en una superficie pequeña que reúne estímulos, mensajes, imágenes y decisiones en un único punto, no resulta extraño pensar que nuestro sistema perceptivo y atencional empiece a privilegiar justamente ese patrón: foco estrecho, menor registro periférico, menos contexto.
El problema no es enfocar, sino vivir atrapados en un único modo de percepción. Enfocar no es el problema. Necesitamos foco para leer, estudiar, aprender, crear y profundizar. El problema aparece cuando esa forma de mirar deja de ser una herramienta y se convierte en el modo dominante de la percepción.
“Cuando se pierde amplitud, no se pierde solo visión.
Se pierde contexto. Se pierde relación. Se pierde mundo.”
Una atención permanentemente focalizada también entrena un pensamiento más recortado: Ojos en foco, mundo fuera de cuadro. Porque cuando entrenamos una atención permanentemente focalizada, entrenamos también un tipo de pensamiento: más lineal, más inmediato, menos capaz de integrar matices, contradicciones y complejidad. Es el viejo fenómeno de ver el árbol, pero no el bosque, trasladado a la vida cotidiana.
Más allá de la limitación del uso del celular en el ámbito escolar
La pregunta de fondo no es solo por el aula, sino por nuestra forma de mirar el mundo. Por eso, la pregunta de fondo no es solamente por qué limitar el celular en el aula ni cuáles son sus efectos sobre el rendimiento escolar. La pregunta más profunda es qué está haciendo esta lógica de uso intensivo con nuestra forma de mirar el mundo.
“Cuando la estrechez se vuelve hábito, el efecto deja de ser sólo visual. La pantalla encapsula la experiencia, abstrae del presente y empieza a modelar una forma más estrecha de mirar. Entonces, el efecto se vuelve mental, emocional, vincular y cultural.”
Mientras creemos que solo scrolleamos, también debilitamos la mirada amplia en varios planos: en lo corporal, cuando caminamos como si el entorno desapareciera, en lo mental, cuando pensamos de forma más fragmentada, y en lo vincular, cuando la presencia real empieza a diluirse.
La decisión de Santa Fe merece leerse más allá de lo disciplinario. No se trata solo de ordenar la clase o de reducir distracciones. Se trata también de reconocer que la escuela recibe todos los días a chicos y adolescentes cuya atención, percepción y vínculo con el entorno ya llegan atravesados por muchas horas de scroll.
La escuela no resuelve sola este fenómeno, pero sí puede abrir un límite y una conversación. La escuela no puede resolver por sí sola un fenómeno cultural de esta magnitud. Pero sí puede hacer algo valioso: poner un límite, abrir una conversación y recuperar, aunque sea por unas horas, un espacio menos capturado por la lógica del scroll, la urgencia y la fragmentación.
Volver a ampliar la mirada
Recuperar la mirada panorámica también es una práctica posible. Hace poco propuse un ejercicio muy simple: recorrer un trayecto cotidiano con una sola consigna, mirar en modo panorámico. Personas que transitaban desde hacía años los mismos lugares descubrieron detalles, escenas y presencias que nunca habían advertido. No porque no estuvieran ahí, sino porque habían dejado de ser vistas.
“Ojos en foco, mundo fuera de cuadro.”
Lo que está en juego no es solo un dispositivo, sino el tipo de percepción que estamos entrenando. Así podría resumirse una parte silenciosa de este tiempo. No solo estamos discutiendo un celular. Estamos discutiendo qué tipo de percepción estamos entrenando, qué tipo de presencia estamos perdiendo y qué tipo de humanidad estamos ayudando a construir.
Una de las tareas más urgentes de este tiempo puede ser volver a ampliar la mirada. Volver a incluir lo que quedó fuera de cuadro. Volver a entrenar no solo la atención, sino también la percepción, la presencia y la capacidad de comprender la escena completa.
Volver a mirar también es volver a estar presentes. Es una invitación a levantar la vista, a salir del túnel y a volver a registrar la escena completa.
Tal vez no es el mundo el que se está achicando. Tal vez es nuestra forma de mirarlo.

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